Después de estar 18 años alejada de la pantalla chica, Lidia «Pinky» Satragno vuelve a la Televisión Pública con Memorias desordenadas y, con esa excusa pero también para hablar de su salud y repasar viejas anécdotas, mantuvo una charla muy emotiva con Mariana Fabbiani en El diario de Mariana.
Protagonista de transmisiones históricas, como por ejemplo el pase de la televisión blanco y negro a color, Pinky está en la memoria de la gente. Fue un año difícil para ella porque perdió a uno de sus hijos, Leonardo, y estuvo 16 meses internada, sin poder caminar. Muy lucida, la legendaria locutora y conductora habló de su recuperación: «Estoy bien. Me voy acostumbrando a caminar. Fue un año muy difícil. ¿De dónde saqué la fuerza si decía que quería morirme? O mentí o cambié».
En estos largos meses de recuperación, Satragno compartió parte de su internación en una clínica con otro grande de la radio y la televisión, Cacho Fontana. «Le tengo mucho cariño a Cacho. Veía su carita a diario. Es un amigo, un compañero de tareas. Cuando me fui de la clínica no me despedí de nadie; abrí la puerta y me fui. Sentí algo muy hondo porque creí que no iba a volver a pisar la calle», aseguró. «Mi vida ha sido tan extraña: deslumbrante y difícil. Empecé a trabajar a los 12 años, a los 16 era secretaria de la Municipalidad de La Matanza y a los 20 debuté en televisión. La política no la dejé nunca porque me interesa la gente».
El romance con Paul Newman
En otro momento, más distendido, Pinky dio detalles de su fugaz romance con Paul Newman, que sucedió durante el festival de cine de Mar del Plata, en 1962. «Yo estaba más rayada que un plumero. Había intentado matarme y Canal 9 tenía una inversión muy grande en mi, estaban desesperados. El gerente venia a mi casa a darme de comer en la boca. Me mandaron a Mar del Plata para que me distrajera y no pude trasmitir porque hubo problemas técnicos, pero quisieron que me quedara. Estaba con una amiga, Micu, y fuimos a un almuerzo del club de golf. Me sentaron en la cabecera, una silla libre y en la otra, Micu. De pronto apareció Paul Newman y se sienta al lado mío», recordó.
«Newman me pidió que lo acompañara a la fiesta de la película. Empecé a decirle que no, pero mi amiga me dio una patada y le terminé diciendo que sí. El estaba fascinado porque las mujeres le metían mano y a veces lo lastimaban. Y si iba conmigo, le abrían paso. ¿Si me gustaba? No lo había tenido en cuenta. ¿Si pasó algo con él? Pasó de todo. Me dio todos sus números de teléfonos», contó con picardía. «El acuerdo que teníamos era que lo llamara yo pero nunca usé esos números. No volvimos a vernos. Fue una aventura perfecta. Yo era asquerosamente famosa y él, el hombre más famoso del mundo».
Pinky continuó con su relato: «Fue una etapa difícil; yo me quería morir. El se dio cuenta. Le pidió al chofer que nos llevara a dar una vuelta grande y fuimos de Constitución al Faro. La gente famosa y reconocida a veces se queda muy sola. Y ese es el salto al vacío. Habló mucho en ese viaje y terminó diciendo que cuando uno vive estas circunstancias, si es una persona inteligente, o tolera lo que viene o se dedica a otra cosa. Esa soledad aparece de a ratos».





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