César Cigliutti fue fundador y presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Impulsó, junto con César Jáuregui, la primera marcha del Orgullo de Argentina, en 1992. Fue a todas las marchas hasta que falleció el 31 de agosto del 2020. “Con él sentías que todo era posible”, define Pedro Paradiso Sottile.
El 1 de septiembre del 2020 se realizó una despedida colectiva en Plaza de Mayo, en una ceremonia íntima, derivada de las restricciones del confinamiento por la pandemia de Covid-19. Pero su partida no se agota, ni se olvida. Su figura se agiganta con el tiempo.
En 1984 ingresó a la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) en donde militó hasta 1987. Ese año llevó adelante la #CampañaStopSida. En 1991 fundó Gays por los Derechos Civiles. Volvió a la CHA y fue elegido presidente, desde 1996, hasta el 2020. La historia de un luchador que convirtió en derecho el amor.
Nació el 5 de marzo de 1957, en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Se recibió de Profesor de Letras. Fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 2011. “Ave, César”, escribió en Soy, de Página/12, una nota de homenaje Alejandro Modarelli.
“Depositada por primera vez un activista homosexual, la categoría de Ciudadano Ilustre es el triunfo de todo un colectivo sobre la semántica de la injuria”, valoró. Ahora lo homenajea: “Los años 90 fueron idílicos para el movimiento LGTBQ+. En ese momento todos nos poníamos de acuerdo en cómo y en cuándo”.
“Visto desde hoy al legado de César Ciglutti le falta el volumen narrativo que merece. Es una figura que quedó opacada por Carlos Jáuregui de quién se habló muchísimo y con justicia. Pero la de Carlos sin César es una historia partida. Los dos funcionaron juntos. Pensaron en cómo generar una agenda de reivindicaciones en tiempos difíciles”, subrayó Modarelli.
“Los dos impulsaron alianzas con los grupos feministas y abrieron las puertas al colectivo trans cuando todavía era época de mucho debate, en 1992, desde Gays por los Derechos Civiles. Los dos se acompañaron en la teoría y en la acción. Sin la imaginación de César no sé si Carlos hubiera llegado a constituirse en el prócer unánime”, contextualiza ahora Modarelli.
En ese momento ser un gay visible era como una muerte civil y usar el apellido real un atrevimiento. Modarelli contextualiza: “Los dos se jugaron y dieron la cara en tiempos en que se jugaba algo más que la honra porque, en ese momento, decir que eras homosexual era una deshonra. En ese momento era jugar el trabajo y la supervivencia”.
“No había instituciones que fueran una casa para el activismo, ni subsidios internacionales porque se tardó mucho en generar las personerías jurídicas. Era todo a perdida en relación a la retribución”, enmarca Modarelli.
“Carlos Jáuregui murió en 1996 y César en 2020. A César le tocó transformarse en el objetivo, tuvo que aprender a moverse con otras ideas, el auge del feminismo y las diferencias”, historiza.
El abogado Pedro Paradiso Sottile, Presidente de la Fundación Igualdad y Director de la Asociación Internacional de Lesbianas Gays Bisexuales Trans e Intersex para América Latina y el Caribe (ILGALAC) se conmueve con un recuerdo que lo atraviesa profundamente: “A César lo nombro en presente porque aunque me costó mucho saber que no está en este plano, sé que está en mi corazón, está en mi militancia, está en mis sentimientos y está en mis hijes (Eva y Daniel) que pudieron conocer al tío César al que extrañan mucho”.
“César es mi familia, es una de las personas más importantes en mi vida, por mi militancia en el que muchos de mis principios, compromisos, principios y pulsiones se las debo a César y a Carlos Jáuregui. El mejor homenaje es replicar su entrega, su nobleza, su compromiso y su lealtad”, recomienda.
Paradiso Sottile se conmueve: “Me sale de lo más profundo de las entrañas el amor que le tengo y voy a tener por siempre por y para César. Es, fue y será por siempre mi hermane y marcó mi vida en los político, en lo familiar y me acompaña siempre, desde el arco iris, en momentos tan complejos como este”.
“César es un imprescindible; una persona especial que el universo nos manda para ser mejores. Era amor, orgullo, picardía”, describe Paradiso Sottile. Y remarca: “César simbolizar lo mejor de un militante. Es una persona integra e imprescindible para la democracia argentina”.
Él recuerda: “Una de las cosas más hermosas que nos dijimos el último día antes de que parta para el arco iris fue que nos prometimos no callarnos más. El silencio es cómplice. Lo que aprendí de César y Carlos es que todo hay que hacerlo con honestidad, verdad, compromiso, memoria histórica, interpelación, reflexión y pensarnos para ser mejores”.
Y subraya: “Su valor es difícil ponerlo en palabras porque es complejo de dimensionar. Fue, es y será una persona ejemplar en su vida, su lucha, su militancia. Un ejemplo de coherencia, afecto, solidaridad. Por eso, tiemblo y lloro, porque me sigue doliendo su falta de presencia física. Me faltan sus besos y nuestras charlas y tejes”.
“Gracias a personas como él hoy podemos vivir nuestras existencias de una manera más amable y también denunciar el odio y la injusticia”, destaca Paradiso Sottile. “No hay nada para esconder, ni nada para arrepentirnos”, define.
El 18 de julio del 2003 protagonizó la primera unión civil de América Latina con Marcelo Suntheim. Fue una noticia que recorrió el mundo. Marcelo no pudo encontrar trabajo por cinco años por la repercusión de la decisión. De la ingeniería química pasó a la militancia por la diversidad sexual. Fueron pareja durante 22 años.
“La primera vez que vi a César fue en 1996. Lo conocí en la quinta Marcha del Orgullo. Me lo presentaron junto a otro activista histórico, Carlos Jáuregui. A partir de ahí me acerqué al Grupo Nexo. Fui colaborador, repartía revistas y atendía el teléfono en la redacción. Y en el año 98 entré a ser activista en la CHA. Empezamos a salir y en ese mismo año convivimos juntos. Fui a vivir a su casa y a partir de ahí no nos separamos más. Todo se convirtió en una lucha de pareja”, le había contado Suntheim a Infobae.
“Me cautivó su vocación por cambiar el mundo y conseguir derechos. Cuando llamaba una travesti detenida a las dos de la mañana, César atendía el teléfono, buscábamos un abogado e íbamos a la comisaría. Fui compartiéndolo con él y después se hizo algo mío”, relató Suntheim.
En 2007 la CHA decidió generar una estrategia internacional con una pareja que se casara en España. Suntheim tenía ciudadanía de la Unión Europea y pudieron hacerlo. Después llegó la lucha para que esa boda quede registrada en Argentina.
En 2009 solicitaron que se inscriba el matrimonio en la Ciudad de Buenos Aires. Les rechazaron la petición y el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El máximo tribunal tardó pero la movilización de la diversidad sexual logró, antes del fallo, la aprobación del matrimonio igualitario el 15 de julio del 2010. El amor fue de todos y para todos. Pero no se logró solo.
José Luis Pizzi, escritor y ex abogado de Gays por los Derechos Civiles, recuerda: “A César lo conocí el mismo día que a Carlos Jáuregui en un despacho de abogados que me prestaban, el día del amigo (20 de julio) de 1992, en Rodríguez Peña. Yo estaba nervioso porque los iba a conocer. Pero después me invitaron a una de las míticas cenas de los viernes en Paraná 157 y ahí comenzó mi relación humana muy cercana con Carlos y César”.
Pizzi valora: “En un momento que estaba muy complicado desde el punto de vista anímico, me ofreció vivir con ellos y estuve en su casa. Fue mi hermana y mi amiga entrañable. Me fui desde el 2001 de Argentina y estuvimos en contacto todo el tiempo hasta su muerte”.
La foto de César Cigliutti fue incorporada, dos meses después de su fallecimiento, a la antesala del Salón de las Mujeres, Géneros y Diversidad de Casa Rosada junto a Carlos Jáuregui, Lohana Berkins y Nestor Perlongher. Los cuadros y fotos fueron bajados por el gobierno de Javier Milei.
Entre las luchas que encabezó están el artículo 11 de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que reconoce el derecho a la no discriminación; la derogación de los edictos policiales porteños y los códigos de falta santafesinos; las pensiones por viudez para las parejas gays; el matrimonio igualitario y la derogación de la prohibición de donar sangre para las personas LGTBQ.
Su sangre quedó marcada en la historia de un país en el que el amor es igualitario y la historia está marcada de orgullo por la diversidad, los derechos humanos y la democracia.