Carlos Bianchi fue uno de los grandes responsables del triunfo inolvidable de Boca Juniors ante Real Madrid en la Intercontinental del 2000. Lo que parecía imposible, su equipo lo hizo fácil: en pocos minutos ganaba con un doblete de Martín Palermo y luego selló un 2-1 ajustado que se convirtió en la proeza más grande de la historia de la institución. A 25 años de aquella epopeya, el Virrey reveló varios secretos.
“No cambiamos en nada nuestra manera de trabajar. Si la hubiéramos jugado en Buenos Aires, hubiera sido lo mismo. Era un plantel que estaba desde julio del 98, faltaban tres nomás, Samuel, Arruabarrena y Cagna, que se habían ido. Comprendieron muy bien que estaban ante una ocasión única”, recordó Bianchi en El Canal de Boca. Y puntualizó el momento clave de aquella travesía: “Hubo una linda charla que tuvimos el día anterior al partido, fue lo más importante. No tanto lo táctico sino la charla. Hubiera sido una pena que no comprendieran después de dos años y medio de trabajo qué era lo más importante. Otra vez más fueron inteligentes”.
Según cuentan las crónicas de la época, en esa reunión los referentes y figuras del plantel limaron asperezas por el bien común y se centraron en la victoria que llegaría al día siguiente. “Jugar una final de la Copa del Mundo no llega todos los días. Tenían que ser bastante estúpidos de no hacer lo que tenían que hacer. Es bueno tener buenos jugadores, pero también tener jugadores inteligentes. Afortunadamente tuve grupos que fueron inteligentes y comprendieron que uno trataba de llevarlos por el buen camino”, se explayó Carlos.
“Cuando uno lo vive como técnico, no cree que se pueda repetir, por eso hay que aprovechar ese momento. Si yo supiera que no puedo comer más crema chantilly, me como 3 o 4 kilos, porque después no como más. Uno no sabe nunca cuándo va a volver a jugarla. No es tan fácil, uno piensa que son irrepetibles”, añadió.
Respecto a la planificación de aquel viaje, rememoró: “Me marcó mucho que yo lo había vivido con Vélez. No es fácil subir a un avión a las 6 de la tarde y que sean las 6 de la mañana. Teníamos que adaptarnos lo más rápido posible al horario de Japón porque los europeos estaban a siete horas nomás de viaje. Mentalmente nos preparamos para estar en Tokio. Tomamos el desayuno en el avión. Llegamos y estábamos cansados porque hicimos casi 30 horas de viaje. Apenas llegamos al hotel, dejamos los bolsos y caminamos dos horas. Era pleno invierno, pero el ser humano se adapta a todo».
Bianchi confió también que tiene pendiente viajar con su esposa a Japón porque en todas las veces que viajó solamente recorrió el tramo del hotel a las canchas y solamente paseó un mediodía por un barrio en el que había negocios con artículos de electrónica. “Me dio placer de haber ganado porque era una oportunidad única y no la desaprovecharon, le sacaron jugo al máximo y se dieron la máximo. Comprendieron bien que se tenía que dar y no guardar nada. Si uno no se da al máximo en esos partidos, primero no se gana y no le alcanza la vida para arrepentirse», fue otra reflexión.
Más tarde, explicó por qué nunca volvió a ver una de las semifinales o finales que disputaron sus equipos: “Tal vez lo haga cuando sea un poquito más viejo. Uno piensa que se puede llevar un desencanto porque todo lo que vio fue lindo. Entonces no las vi nunca”.
Sobre el masivo apoyo de los hinchas boquenses, expresó: “Teníamos ecos de que había mucha gente, pero no pensamos que iba a haber tanta. Había solo 500 españoles, estaban ahí nomás. En el Mundo Boca no te puede extrañar nada, te hace comprender cosas que no te imaginás. Son muy grandes. Ya en el calentamiento nos dimos cuenta que se hacían sentir, que estaban todos ahí, que iba a ser algo lindo. Y terminó siendo lindo”.

El post partido refleja el profesionalismo con el que Bianchi marcó el camino del éxito en esa etapa: “Estaba convencido de que teníamos que ir a concentrarnos y se los dije a los jugadores en ese momento. Tenemos un partido más importante que con Real Madrid, que era contra San Lorenzo. Si no le ganábamos, no salíamos campeón (del torneo local). Después de San Lorenzo les di libre y perdimos con Chacarita en cancha de Vélez. Podríamos haber perdido el campeonato».
Ahí fue cuando su experiencia como DT del Fortín también le jugó a favor: “Con Vélez salimos campeones del mundo, llegamos, les di libre, jugamos a los tres días y bailamos a San Lorenzo en el primer tiempo, pero no pudimos convertir y, en el segundo, no teníamos piernas. Con Boca no cometí el mismo error. Terminamos de cenar, cantar, bailar y subirnos a la mesa, pero llegó un momento de dormir. Había un viaje largo. A partir de ese momento empezaba la recuperación. Real Madrid había pasado, tenía a San Lorenzo en la cabeza».
El Virrey remató con humildad y sinceridad: “Cuando llegué a Boca nunca pensé que se iban a lograr tantas cosas. Le tengo un eterno agradecimiento a los jugadores porque son ellos los que lo llevan a uno a eso. No quiero magnificar las cosas, sé lo que es ser campeón del mundo, pero soy un convencido de que hay cosas más importantes en la vida aunque muchos me podrán decir que no. Hay gente mucho más importante que un simple director técnico”.
OTRAS FRASES DE CARLOS BIANCHI
La disputa entre Guillermo Barros Schelotto y el Chelo Delgado por el puesto. “Veníamos de salir campeones (a nivel local) y Boca lo compra a Delgado. Antes de que firmara le hablé porque sabía lo gran jugador que era, pero yo tenía a Guillermo, que no era ningún tronco. Me manejé de la misma manera que toda la vida, siendo claro. El que jugaba, era porque para mí era el mejor. ‘Vos podés venir, nos da placer que vengas, pero conmigo juega el que mejor que esté’. En la final se encontraba mejor Marcelo que Guillermo, es así el fútbol. Hay que ser honesto y correcto con el jugador. ¿El centro a Palermo? Yo fui 9, hay situaciones que el que desborda, si engancha, el 9 se mete adentro del arco. Si Marcelo hubiera enganchado, Martín se metía adentro del arco. Al haber jugado tan simple, hizo que el gol fuera simple».
Juan Román Riquelme. “Siempre tuvo una gran personalidad dentro del campo de juego, sabía muy bien lo que tenía que hacer desde que lo acomodé y no lo desperdicié como volante que corriera. Tenía que correr con la pelota y marcar los tiempos del equipo. Lo supo hacer muy bien, tuvo que guardarla, la guardó. Recibió patadas. Y volvió a hacerlo con Bayern Múnich, donde el árbitro permitió todo. De ser otro árbitro, los alemanes terminaban con 8. A Román, desde el momento que iba a jugar de 10, le expliqué cómo pretendía yo que jugara, no hacía falta nada, sabía bien lo que tenía que hacer. A los jugadores que son inteligentes se les explica una vez. Quizás otra vez algunos detalles, pero después, si son inteligentes, lo comprenden”.
Luis Figo y Aníbal Matellán. “Figo había ganado el Balón de Oro, pero no sabía que tenía a Matellán enfrente, ja”.
La Bombonera. “Si te confundís, te puede llevar a mirar a cómo cantan y llevan el partido. Uno tiene que pensar solamente en el partido, yo hablaba lo justo en los partidos. Me gusta más verlo y tirarme para atrás para tener una óptica más amplia. No soy de los que caminan y corren en la línea. Si lo hago, no veo a mi equipo. Me gustaba mirarlo y después decir las cosas que tenía que decir. Me sigo emocionando cuando la cancha corea mi nombre. El afecto del hincha es tan grande que uno no tiene más que palabras de agradecimiento. No solo acá, en Vélez lo mismo, y fue diez años antes. Yo voy a Vélez y veo gente que tiene 70 años, esos sí me vieron jugar. Es eterno y muy afectuoso el agradecimiento al hincha. Yo siempre lo respeté al hincha, pero no me colgaba del alambrado y me besaba la camiseta”.
Los hinchas de Boca. “Es un mundo muy grande y no son muy pensantes, lo hacen todo de corazón, son muy generosos. Que sigan disfrutando, para ellos hay gente que no se imaginaba eso que iban a vivir. Y no imaginaban que tres años más tarde tendrían la posibilidad de vivirlo. Nosotros tampoco, porque era un grupo diferente. Eso fue redondear dos años y medio de trabajo que no pudieron aprovechar tres muchachos que habían construido ese Boca (Samuel, Arruabarrena y Cagna). A Cagna lo fui a buscar en 2003 y le dije cómo se iba a morir sin ganar una Copa Libertadores o del mundo. Diego había dejado de jugar, lo convencimos y tuvo la suerte de cumplir todo lo que no había cumplido”.








