Viernes. camino por calle Sarmiento en una inusualmente fresca noche de diciembre. Son las once de la noche, pero podrían ser las tres de la mañana, la calle está prácticamente desierta. Algún taxi, una parejita tomando una lata en un kiosko, dos muchachos revolviendo el contenedor tratando de descubrir que podrá convertirse –de algún modo– en comida. Y por supuesto, el cronista, que en este panorama monocromo y chato, regresa de un viaje. Una visita guiada a través de la historia –historia que en un principio cree solo propia– cuyo vehículo es la música. La música de Raúl Barboza.

Raul Barboza( Buenos Aires, 1938) sea posiblemente el último representante vivo de su generación del boom folklórico de los sesenta, en sus comienzos en la compañía de música y ballet de Ariel Ramirez . Con más de treinta discos en su haber además de participación en cine y colaboraciones, en 1987 parte rumbo a Francia –“por unos meses”, contó anoche, sonriente– , país donde reside desde entonces. Y desde allí, al igual que lo hizo nuestro Juan José Saer con su literatura,Raúl hace lo que mejor sabe: pintar su aldea, describir su zona, retratar su tierra.

Con su andar pausado, pero firme, y su sonrisa imborrable, salió al escenario entre aplausos , acompañado por Nardo González (guitarra) y Cacho Bernal (percusión). Agradece al público su presencia, nombra y recuerda a todos aquellos compañeros que hoy ya no están, y dice es muy triste no tener con quien charlar de aquello que vieron en su camino conjunto. Desde un principio percibimos que la noche tendrá algo más que música; a sus 86 años, el artista nos quiere regalar algo más que sus interpretaciones musicales: tiene algo para decir.

–” Lo que más me gusta de estar aquí es, temprano a la mañana, escuchar a los pájaros. ¿Sabian que hay lugares donde los pájaros no van?. Bueno, esa es una de las cosas que vengo a buscar “ – . De a poco, vamos adentrándonos en un terreno que nos convoca a todos: el de la memoria. Pero no el de la memoria evocativa, la de los propios recuerdos, si no de aquella que nos revela que tal vez somos un eco de algo que pasó y pasará durante generaciones. Entre canciones, habla de su infancia en Buenos Aires, donde nació, de su padre correntino, puestero de campo, hachero en el chaco, su padre músico aficionado, quien lo inicio en el mundo del acordeón.Ve a su padre a caballo, un granadero para él, el origen de las cosas , el que le enseñó a ser lo que es. “Yo hablo de mi padre y su legado, y ustedes se preguntarán por mi madre. Pues bien: mi padre me enseñó a ser músico, mi madre me enseñó a ser hombre”.

–“Todo esto que les cuento es lo que soy . Soy Guaraní porque el esperma guaraní de mi padre se alojó en el vientre guaraní de mi madre, y este es mi lugar “ – nos dice serenamente, antes de interpretar la bellísima “Cherógape”(Mi lugar).

A esta altura de la noche lo que iba a ser un concierto de chamamé se convierte en una clase magistral. Sigue relatando, conversa con el público, y cuenta su recorrido. Forma su primer trío con un italiano y un español. Les explica la manera de tocar una música que, a la fecha, nunca ha sido escrita. invita a sus compañeros a pensar en pájaros y árboles(“otro tesoro que tenemos aquí, el verdor”) y alli nace la primer cancion en colaboración, “Pindovy”(palmera de color). Luego de intensas gestiones del Gran Astor Piazzola, consigue un contrato para grabar su primer disco. El resto es historia conocida.

Hasta aquí, el acordeonista se presenta como un guardián de la memoria de su tierra( memoria es una palabra que usaré mucho hoy) . Ya nos ha hecho ver que su obra va más allá de sus propios recuerdos , como si fuera un eco milenario del cual todos somos una reverberación, pero a la vez tenemos la oportunidad de dejar nuestra impronta. Nos explica su esfuerzo por no imitar a sus maestros (nombra sin dudar a Ernesto Montiel, Transito Cocomarola, el rosarino Damasio Gimenez, Isaco Abitbol y a su contemporáneo Ildo Patriarca)para no faltarles el respeto. Con su instrumento diseñado a medida (su acordeón es una especie de bandoneón adaptado , con mayor cantidad de notas y tonalidades) detalla las diferencias estilísticas e influencias de cada uno de sus maestros(Italia en Cocomarola, Brasil en Montiel, la zurda endemoniadamente “tana” de Patriarca. La memoria trabaja a destajo, y de pronto en lo que podría haber sido una simple anécdota, la clave es revelada.

“Una mañana tocamos en una iglesia en Alemania, un invierno feroz.Sobre el final del concierto sentí una necesidad terrible de acercarme a mi tierra, recordar los árboles y los pájaros” y toque esta canción” .Acto seguido, nos regaló una hermosa versión de “La calandria” de Isaco Abitbol. Una vez finalizada, se puso de pie, se acercó al borde del escenario y, emocionado, finalizó la historia: “Al finalizar se acercó una señora muy viejita(SIC), me preguntó si hablaba alemán, le contesté con la única palabra que conocía “Nein”(risas), y acordamos hablar en francés.Dijo que del recital lo único que le había llamado la atención y de hecho, gustado mucho , era la última canción , y que si sabía el origen del autor,. Le conteste que era argentino , entonces ella me preguntó si sabía de su ascendencia. El autor era Isaco “el Turco” Abitbol, se lo dije y le dije que era de familia Libanesa, a lo cual la señora me contesto “Judío sefardí, como yo”: Me conto su historia de judía sobreviviente del holocausto, de como esas músicas(SIC) resonaban en su familia y en su niñez, y que no tenia dudas de que si Bach hubiera escuchado al turco, hubiera usado sus notas para escribir algo. Entonces me di cuenta que no era yo el que debía estar ahí, yo solo tuve la suerte de viajar, pero lo que yo llevé esta mañana a esa iglesia Alemana, en un invierno feroz, fue todo lo que hicieron mis maestros y mis anteriores, fue su obra, no la mía.Soy un hombre afortunado”. Una emotiva ovación acompañó al maestro , que finalmente nos deleitó con el himno “kilómetro 11” y finalmente con el clásico “El expreso”.

Ahora camino solo, por la oscura noche de Rosario. Pienso en el camino recorrido por don Raúl , y entiendo que él ha sido parte de un recorrido mayor , recorrido que puede haber comenzado en Asia menor , o en los esteros correntinos, y con la memoria guardada en la música (y no al revés), recorrer el mundo y las almas de los hombres.