“¡S.O.S Solidario! ¿Tendrías un minuto para leer y compartirlo?“. Con ese mensaje, Darío César Ramírez, un vecino de Escobar de 63 años, hizo público su pedido de ayuda para conseguir trabajo: la publicación despertó una ola de apoyo en redes sociales, donde se viralizó en los últimos días.
El posteo en LinkedIn, publicado hace una semana, no tardó en generar empatía entre los usuarios. El electricista se encuentra desocupado desde mayo (cuando terminó su último contrato temporal) y todavía no puede jubilarse, ya que la edad mínima para hacerlo es de 65 años. En su búsqueda se enfrenta a una realidad que golpea con fuerza: en el mercado laboral, la edad es un factor excluyente.
A esto se suma una compleja situación que atraviesa junto a su esposa Gladys (60), quien sufre de hipotiroidismo, ataques de pánico y episodios de ansiedad: “No queremos quedar en la calle a fin de mes. Necesitamos poder pagar el alquiler, además de comprar sus remedios mensualmente”, lamentó Ramírez en la red social orientada a la búsqueda de empleo.
Y agregó, cerrando el posteo junto a su currículum vitae: “El que lo sufre, sabe de lo que hablo. Necesito, deseo y quiero trabajar. Perdón que solicite vuestra ayuda. Si alguien, de corazón, desea darnos una mano, sin compromiso, se lo agradeceré”.
El hombre, con 33 años de aportes, acumula experiencia en atención al público, logística, coordinación de transporte terrestre y marítimo, fotografía y operación de cámaras, según el currículum que compartió; aunque resalta especialmente su trayectoria como electricista industrial. Idealmente, busca un trabajo como casero de campo o en mantenimiento general.
Tras la viralización de su pedido de ayuda, agradeció la repercusión y brindó más detalles de la situación familiar: “Noches sin dormir, días esperando un llamado para una entrevista de los 1.000.000 curriculum vitae que envié, saliendo a diario para ofrecer mis servicios a los vecinos y más lugares; sintiendo que me cierran las puertas”.
En conversación con Infobae, el vecino de Escobar aseguró que no esperaba que su mensaje tuviera tanta repercusión al momento de escribirlo: “Ni se me ocurrió por la cabeza el impacto”.
Tras la viralización, concretó dos entrevistas laborales y recibió algunas donaciones en su cuenta: “La gente es muy solidaria. Yo publiqué un alias, me da vergüenza decirlo, pero hoy me tocó a mí”, reconoció.
Según explicó a este medio, sus gastos fijos ascienden a 500 mil pesos. Cada consulta médica particular para tratar el hipotiroidismo de su esposa cuesta 40 mil pesos, sumados a un monto similar para las sesiones con el psiquiatra: “Si no tengo empleo, ¿de dónde los saco?“.
En esa línea, precisó que, incluso si pudiera jubilarse, debería seguir trabajando, ya que la jubilación mínima apenas alcanza para cubrir el valor de su alquiler.
Y agregó: “Yo quiero trabajar, no quiero vivir de donaciones de la gente. Es una ayuda, un empuje para la medicación de Gladys, pero yo quiero trabajar. Simple. Tengo las ganas y la capacidad”.
Para el electricista su edad funciona como un obstáculo en el mercado laboral, donde la experiencia a veces se deja de lado frente a candidatos mucho más jóvenes: “Tenés 30 años de experiencia y toman a un joven de 20 sin experiencia, y le pagan dos mangos”.
Ramírez aclaró que no busca el puesto de un gerente ni de un ingeniero: “No pretendo comprarme un Mercedes Benz ni un yate. Hace meses que con mi esposa no nos podemos tomar un fin de semana para, por ejemplo, venir de Escobar a Buenos Aires y pasear. Estamos desesperados porque tenemos que pagar las cosas básicas de la casa”.
“Deseo, quiero y necesito trabajar. Pónganme a prueba, aunque sea una semana”, concluyó.