Fernando Navarro (Granada, 1980) debutó en la literatura con el libro de relatos Malaventura (Impedimenta), en el que sentaría buena parte de su estilo y de sus intereses: su amor por la mezcla de géneros (en ese caso el western, la fantasía), la reivindicación de Andalucía como escenario entre lo mítico y lo salvaje y su querencia por personajes que se encuentran fuera de la norma.
Tampoco hay que olvidarse de su faceta como guionista, en la que ha demostrado su versatilidad, ya que está detrás de películas que nos llevan desde Anacleto, agente secreto, pasando por thrillers como Bajocero y títulos de terror como Verónica, de Paco Plaza, sin olvidar la reciente Segundo premio. También fue el creador de la serie Romancero para Amazon Prime Video, donde encontrábamos también una curiosa mezcla entre realidad y ficción oscura.
Ahora regresa a la actualidad editorial con Crisálida (Impedimenta), una novela en la que la voz principal es la de una niña, Nada, que despierta en un hospital y comienza a recordar el traumático pasado que vivió junto a los miembros de su ‘disfuncional’ familia. Así, conoceremos a su padre, el Capitán, un hombre que se presenta como una presencia totémica y que se sumerge en noches interminables de ‘tripis’ y whisky DYC; a su frágil progenitora, Madreselva; y a sus ‘hermanicos’, Cuarzo (el mayor y más responsable), el salvaje Rayo, la delicada Columbina y el pequeño Cachorro.
Todos perdieron sus verdaderos nombres cuando el Capitán decidió que había que dejar la ciudad de Granada e irse a los bosques, en medio de una naturaleza hostil donde los niños tendrán que aprender a sobrevivir y a convivir con la más absoluta precariedad, con la violencia, con los instintos más atávicos y con un buen puñado de leyendas y mitologías que se irán configurando e integrando dentro de ese microcosmos en el que laten la ternura y la locura.
Crisálida iba a ser en principio un guion para cine, pero finalmente el autor optó por configurar un universo propio desde el punto de vista estrictamente literario. Es como entrar en un sueño, o en una pesadilla, en una aventura entre lisérgica y brutal que se te queda clavada en las entrañas.
‘Folk horror’ y referentes femeninos
-Pregunta: Se la ha definido como una novela de ‘folk horror’ que, además, entroncaría con escritores que nos llevan de Shirley Jackson a Stephen King. ¿Se siente cómodo con estas etiquetas?
-Respuesta: Yo sí, pero es cierto que la etiqueta de literatura de terror asusta un poco, porque se la considera un poco nicho. Pero hay ciertos autores que trascienden cualquier tipo de encasillamiento, que están por encima. A mí me gustan escritoras como Cristina Fernández Cubas, Pilar Adón, Pilar Pedraza. Y luego están Mariana Enríquez, Mónica Ojeda, que se están encargando de dinamitar las categorizaciones a través de sus historias.
-P: Solo cita a escritoras, ¿son sus mayores referentes?
-R: Es un momento en el que no sabes muy bien quién eres, no sabes ni siquiera lo que es el concepto de identidad, pero te preguntas, ¿en qué me voy a convertir? Y hay mucho miedo en eso. En este caso, Nada, es una niña negada que está como en esa especie de crisálida en la que no se le permite crecer, porque su padre le prohibió hacerlo.rlo.lo.o.ién me interesa Jon Bilbao que, aunque no tiene nada que ver con lo gótico, sigue siendo un gran narrador.
-P: Esos prejuicios con el terror, ¿también ocurren con el cine?
-R: Un poco sí, aunque es un género que viaja muy bien a nivel internacional. Sin embargo, en España cuesta mucho financiarlo porque no se suelen poner en las cadenas. Así que a veces se me quitan las ganas de escribir cine de terror porque no sabes si el proyecto saldrá adelante.
-P: ¿Por qué decidió que la narradora de la historia fuera una niña?
-R: Era arriesgado, pero tampoco tuve muchos complejos, no me lo pensé mucho. Nunca pensé que fuera un problema. Me imaginé la primera frase, que es de donde surge todo, “despierta, niña, despierta, escucho la voz grave del Capitán”. Me dije que podría contarla en primera persona. Al fin y al cabo, en Verónica también lo hicimos, era una protagonista contando esa historia.
Niñas sin nombre en la naturaleza salvaje
¿Qué hay en la infancia y en el cambio a la madurez que tanto le interesa?
-R: Es un momento en el que no sabes muy bien quién eres, no sabes ni siquiera lo que es el concepto de identidad, pero te preguntas, ¿en qué me voy a convertir? Y hay mucho miedo en eso. En este caso, Nada es una niña negada que está como en esa especie de crisálida en la que no se le permite crecer, porque su padre le prohibió hacerlo.
-P: También apuesta por los localismos en el lenguaje, ¿quería reivindicar la forma de hablar de su tierra?
-R: A mí me gusta que los personajes hablen de acuerdo al sitio al que pertenecen. Creo que es algo que ha contado con muchos prejuicios en nuestro país y que finalmente nos estamos quitando ese complejo. Es algo que no ocurre, por ejemplo, en la literatura latinoamericana y me parece de lo más estimulante, porque se consigue que la experiencia lectora sea diferente y se establezca una especie de tensión.
-P: ¿Cómo quería retratar la naturaleza?
-R: Yo no tengo una visión especialmente idílica de la naturaleza, pero sí que hay en la novela una especie de crítica medioambiental hacia cómo estamos destruyendo todo aquello que nos rodea y que a mí me genera una especie de ‘ecoansiedad’. La naturaleza de Crisálida es real (Sierra Nevada y sus cumbres) y a la vez imaginada, reconstruida por los sueños infantiles (las secoyas imposibles) como por el relato del Capitán para manipular y confundir a sus hijos (los relatos fantásticos que les cuenta, que les asustan y les fascinan a la vez). Toda la naturaleza en el libro y mi percepción de ella es tan real como fantástica.
-P: ¿Y esa mezcla entre el realismo con el elemento legendario?
-R: Me siento muy cómodo en ese registro. Se supone que están en los años 80 por algunos recortes de prensa que se encuentran y que tienen que ver con ciertas catástrofes naturales causadas por el hombre y después está ese elemento sobrenatural que tiene que ver con el bosque, con los fantasmas, los animales imaginarios, las deidades.
-P: ¿Por qué le gusta tanto el género de terror?
-R: Porque soy una persona con muchísimos miedos y por eso necesito sacarlos fuera. Tengo un buen catálogo de temores y creo que no soy muy original en ellos. Junto al miedo al dolor físico, al paso del tiempo o que les pueda pasar algo a mis seres queridos, puedo hablarte de cierto miedo muy reciente al holocausto nuclear o un, más que miedo, diría aprensión de orden ecologista: me aterra lo que pueda pasar con el planeta cuando yo no esté. Por otra parte, el miedo cósmico, el vértigo, siempre ha estado ahí y me ha ayudado a apreciar a Lovecraft y a Joan Lindsey.