Los presos del penal de Devoto realizaron un nuevo motín para solicitar la reapertura del Centro de Estudiantes y se trata de la segunda noche consecutiva que reclaman por el cierre del organismo, medida dispuesta por el Ministerio de Seguridad Nacional.
El martes por la noche los vecinos de Devoto se vieron alarmados por la protesta de reclusos de varios pabellones ante el sorpresivo cierre de los Centros de Estudiantes dentro de las cárceles de todo el Servicio Penitenciario Federal. Durante la primera jornada hasta ayer quemaron colchones y sábanas.
“La Universidad es de todos”, se lee en una sábana colgada en una de las celdas.
A fines de marzo la cartera de seguridad, liderada por Patricia Bullrich, comunicaron a través del Boletín Oficial, en la Resolución 372/2025, que se prohíbe el funcionamiento de centros de estudiantes en el Servicio Penitenciario Federal.
Las autoridades nacionales sostienen que un centro de estudiantes “no está expresamente reconocida legalmente ni por la administración penitenciaria, tergiversa la finalidad de readaptación social de los internos toda vez que impide, en los hechos, el cumplimiento de las pautas del régimen de progresividad”.
Sumado a que “impide que realicen las tareas obligatorias a los fines de la reinserción social”.
Ahora las autoridades temen que este tipo de reclamo, con disturbios en muchas oportunidades, comience a ser la actividad del día y que la violencia escale.
En sus dos artículos, la ministra anunció que no habilitará el funcionamiento de ningún centro de estudiantes en las cárceles federales, ni “la permanencia de personas privadas de la libertad en los centros educativos o espacios de estudio fuera del horario en que deben asistir a las clases“. Esto perjudicó a los reclusos, que plantean que los pabellones están superpoblados y son muy ruidosos, lugares donde difícilmente alguien pueda concentrarse para estudiar.
En diciembre, la ministra había tomado una medida previa: dispuso que los presos de las cárceles federales realicen tareas de mantenimiento y limpieza en los penales, todos los días, hasta cinco horas diarias, de manera obligatoria y sin retribución. Luego, al prohibirles que usen los espacios de la universidad fuera de clase, argumentó que pasan el día allí y no cumplen con la obligaciones de limpieza y laborales que les impuso, que -dice Bullrich- son importante para su reinserción. Dado que en las cárceles federales los talleres no cuentan con presupuesto y las actividades de reinserción escasean, la impresión es que para la ministra es mejor limpiar que estudiar.
O tal vez ni eso: “El orden y la disciplina no se negocian: las reglas están para cumplirse“, posteó al anunciar la noticia.
Era cantado que la medida iba a traer problemas. Para especialistas en contextos carcelarios, la resolución del ministerio tiene inconsistencias legales, es decir que no podrá sostenerse, ya que viola las leyes argentinas que plantean que las cárceles deben reinsertar socialmente al condenado; la educación es fundamental en ese sentido.