En la mañana de este jueves 27 de febrero, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, recurrió a su cuenta de X (ex Twitter) para referirse al decreto 138/2025 que desregula la gestión de los derechos de autor en la Argentina. Este decreto alcanza a las sociedades de gestión colectiva (SGC) Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores), Aadi-Capif (Asociación Argentina de Intérpretes y Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas, Sagai (Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes), DAC (Directores Argentinos Cinematográficos) y Argentores (Sociedad General de Autores de la Argentina), entidades que gestionan los derechos de músicos, actores, bailarines, grabaciones, directores de cine y escritores, entre otros autores.
“Las sociedades de gestión representan a creadores de distinto tipo. Los compositores en Sadaic, los intérpretes en Aadi-Capif, los directores de cine en DAC, los actores en Sagai y los autores en Argentores. Todas estas entidades fueron creadas por decreto. La de Sadaic es un monopolio establecido en la época de (Juan Carlos) Onganía [presidente del país entre 1966 y 1970) y la verdad que es la más cara del mundo. Para comparar con países limítrofes, su porcentaje es el doble del de Brasil y Chile. Además, es abortiva en cuanto a muchos emprendimientos, porque encima en la Argentina hay una sumatoria de sociedades de gestión que no existen en ninguna otra parte, como por ejemplo la retención de DAC de cobrar por el uso de pantallas en recitales”, señala el histórico productor de conciertos Daniel Grinbank, quien lleva tiempo poniendo este tema sobre la mesa.
El decreto macro que se dio a conocer este jueves sostiene que los artistas podrán gestionar sus derechos desde estas asociaciones ya existentes, desde otras que se creen en el futuro o hacerlo ellos mismos sin intermediarios. “Los titulares de derechos de autor y derechos conexos podrán asociarse a una o más sociedades de gestión colectiva o ejercer sus derechos en forma individual”, señala el decreto, que agrega: “Las sociedades que pretendan administrar los derechos establecidos en la Iey deberán acreditar hallarse facultadas por los estatutos para ejercer la representación o administración de los derechos de terceros amparados por la Ley N° 11.723. La representación de un determinado derecho de autor o conexo puede ser llevada adelante en forma simultánea por más de una sociedad de gestión colectiva. En ningún caso se podrá limitar la facultad de los titulares de derechos de administrar sus obras en forma individual”.
Entre otras particularidades, el decreto también especifica que “los representados podrán hacer acuerdos particulares, debiendo comunicar dicha circunstancia en forma fehaciente a la sociedad de gestión colectiva a la que hayan otorgado consentimiento para que gestione sus derechos, sin que esta última pueda oponerse a dichos acuerdos”.
“Durante muchos años y particularmente en la gestión anterior, intentamos desde la cámara Aadet (Asociación Argentina de Empresarios y Empresarias Teatrales y Musicales), que nos nuclea, tener diálogo para fijar topes, porque obviamente reconocemos los derechos genuinos de los creadores y hay que pagar por eso, pero también entiendo que estas sociedades se convirtieron en una elite burócrata que, a partir de decretos, tuvieron empoderamientos y jamás se sentaron a dialogar en una cuestión que la dinámica de la industria requería imprescindiblemente”, aduce Grinbank y amplía: “Esto fue hecho antes del mundo digital y estas organizaciones no se modernizaron y, repito, son las más caras del mundo. Por una entrada de 100 pesos, acá en Argentina se llevaba el 12 por ciento Sadaic, el 2 los directores y el 1 por ciento Aadi-Capif. Es decir, el 15 por ciento en total. La misma entrada en Brasil, solo el 6 por ciento, con lo cual quedaba el 94 para distribuir entre el artista y el productor. Pero lo más importante que le da la potestad al artista, al creador, que genuinamente pueda negociar con el productor en un acuerdo de partes cuánto cobra, más, menos y, lo que es más importante, que no obliga a nadie a irse de la sociedad en la que está. Esto es como decir que cuando se promulgó la ley de divorcio yo me tenía que divorciar. No, te da la potestad y creo que ampliar derechos es algo fantástico.
–No desaparece Sadaic, ¿entonces?
–No, de ninguna manera. Todos los que quieren quedarse en Sadaic van a seguir estando en Sadaic. Ahora, si un autor dice: en lugar de cobrar por Sadaic que me paga a los premios y me descuenta acá, quiero cobrar ni bien termina el show, pero entiendo que por los gastos de producción no me podés pagar el 12, pero sí el 9 y lo cobro ni bien termina, puedo negociar en forma individual. Da libertades y recuperan esas libertades los autores de ser los propietarios nuevamente y no las sociedades de gestión que les mandan a los creadores. Acá se invirtió el orden, se empoderaron sociedades, con burocracia, con sueldos altísimos en detrimento de la industria. Recuerdo un hecho, cuando en la pandemia no había trabajo y tuvimos que negociar por el streaming lo que fue negociar con Sadaic. En realidad ningún artista ganaba plata, era generar plata para poder pagarle a mucha gente precarizada laboralmente que trabaja en la industria. Mirá el caso de otros países. Brasil tiene seis sociedades de gestión, Estados Unidos tiene tres. Voy a contar una anécdota de Agosto, la obra teatral que produje hace muchos años. Tenía música de Eric Clapton. Vino Sadaic y pretendía cobrar el 2 por ciento de la recaudación bruta. Yo negocié los derechos de la adquisición de la obra con la música, entonces me comunico con los dueños de la obra que habían negociado con Eric Clapton y con su editorial y me dicen que no, que el arreglo es de una platea por función, nada más que eso. Y se pagó eso. Con lo cual es la potestad del artista el que tiene el derecho a manejar como quiere sus obras.
–Acá entra en juego la capacidad de negociación que tiene un grande contra un chico, un artista independiente…
–Un artista chico puede decir “sigo con Sadaic, me representan ellos, sigo con el 12 por ciento”. Ahora, si tengo las ganas de salir de ahí, voy a poder hacerlo. Es tan sencillo como eso. Hay un miedo tremendo a la libertad. No quiero entrar en el bastardeo a la palabra que estamos viviendo en el mundo, pero tiene todo el derecho a seguir en Sadaic. No entiendo cuál es el planteo. Creo que también tenemos que salir del sesgo ideológico. Yo no comulgo con este gobierno, pero hay que tener la amplitud mental de ver cuestiones que puedan ser positivas para la industria. Es una locura el plantearse que te hayan ampliado derechos y tener temor a ese derecho. Yo creo que en 45 años de industria debo haber pagado varias paredes de Sadaic. Nos educamos con dos cosas: desde que nací tenía claro que algún día me iba a morir y que siempre iba a pagar los gravámenes más altos del mundo por la sociedad de gestión argentina. Bueno, eso se cayó. Después me voy a cuidar la salud, también.
–¿A partir de esta medida va a haber más recitales?
–Va a haber mucha más actividad de todo tipo. Porque, por ejemplo, voy al interior. Han crecido de manera considerable los costos de transportación, hotelería, de personal, traslados aéreos que no se pueden incorporar al precio de la entrada porque hay una crisis económica. Entonces yo puedo negociar con el empresario del interior como artista: “Che, en lugar del 12 cobrá el 6 y tenés 6 por ciento más bruto para poder pagar todos los gravámenes”. Va a ser una gran reactivación en lo laboral. Y, otro pretexto: dicen que se debilita la mutual. Nadie te prohíbe que pagues la mutual. Bajo todo punto de vista esto es virtuoso. No le veo ninguna contraindicación. Obviamente este es el primer decreto, después vendrán los detalles pormenorizados. Estas organizaciones no se han modernizado en tecnología, en personal y no están preparadas para todo lo que se viene. ¿Sabés cuántas obras tiene Sadaic en un rubro que se llama ONI, Obras No Identificadas? Más de 400.000 obras. Cobró por ellas y no le pagó a nadie.
–¿Cobra igual?
–Cobra igual y no distribuye. Son sociedades de gestión carísimas, arcaicas y con gravámenes en algunos casos más altos. Porque por ley, cuando se crearon, por una cuestión demagógica, Aadi-Capif, que cobra el 1 por ciento, que no existe en ninguna parte del mundo, tiene la potestad de ir hasta el 6 por ciento; DAC, que no existe en ninguna parte del mundo para los recitales, acá pretende el 2 por ciento. Me parece que en este sentido es muy positivo el decreto, no hay que tener miedo a que haya libertades. Y el que quiere seguir en Sadaic, repito, va a seguir en Sadaic. Hay sociedades de gestión que funcionan bien y otras no tanto.